Paloma Torcaz en Salmis.
Mireya mueve el culo por las callejuelas de Bayona, ciudad sur de Francia. Su culo esta en venta. Camina con criterio sabelotodo, con cierta arrogancia de buen uso. Da seguros pasos, tragándose baldosas con sus tacos altos, como taladros. Vestimenta muy civilizada; en realidad, un jeans con un estampado de Betty Boop en su pierna derecha, una musculosa blanca corta, una cartera de vinilo, unas botas de cuero negro con taco, sin embargo nada muy vistoso, poco glamour. Sus ojos son verdes, redondos como los dibujos de animé, pestañas bien estiradas que son también pequeñas manitos negras danzando, boca alargada con un toque a manjar, tiene 23 años aquella boca, aquellos ojos. Se mueve de una esquina a la otra, a veces se apoya a la pared, tararea alguna canción, come sus pastillas, o se queda firme como una estalactita.
Es de mediodía. Cuesta abajo el mercado de quesos. La calle de Mireya es empedrada, metida entre recovecos y mas calles que cruzan en diagonal, por donde la gente pasa poco. Es la calle de Mireya, pero también de Pilli y de Mina, bastante apuraditas todas, con lindas caderas, flacas todas. Mireya, con el pelo largo ondulado, negro, siempre un buen culo bajo ese jeans apretado, menudita por lo que respecta a sus tetas, pero muy linda sonrisa aquella, como un puerto que da la bienvenida, junto al alba, a un accidentado viajante.
Cerca esta el mercado, un par de tiendas de comercio; dos bares, tres hoteles, una lavandería, un puesto de diario, dos kioscos, un vivero, dos escuelas (uno secundario, el otro para no videntes), un supermercado, una veterinaria, dos casas culturales, por lo menos todo en esa cuadra, en esas dos veredas, en esas cuatro esquinas. Pocos peatones de tarde, pero a la madrugada, padres, estudiantes, trabajadores rumbo a sus puestos, al mediodía se sale a almorzar, se busca a los chicos al colegio o salen solitos a los griteríos, después vuelve cierta calma. Gente de intervalos, mas los autos y ómnibus que van, y pasan, y miran.
Mireya es aprestada atención con insistencia. Viste poco llamativa, pero sus ojos, su cola... Mireya toma en sus descansos un agua en el bar, hojea un par de diarios, no muchos, fuma unos cigarros, no muchos. La miran en el bar cuando toma algo o habla desde allí por el teléfono público, y en el kiosco cuando compra pastillas y cigarrillos, también cuando se va a su casa y camina por aquellas pocas cuadras en el que trabaja de siete de la mañana a cuatro de la tarde. Luego se despega de esa olla y caminando va a su casa, dos docenas de cuadras, cruzando el puente, los muros, las ropas secándose al sol, mirando a la bahía y las construcciones góticas, hasta donde esta su hermana y su novio, y ella habla de su trabajo en la oficina de ventas de vaya a saber qué compañía, y ellos, que ven mucha televisión, después de llegados de la fabrica, cuentan de la guerra en Latinoamérica, y de las milicias rojas y de los países que hay con banderas de ese color, y también de los otros, los albinos. Pero Mireya también estudia en la universidad, arquitectura, después de todo Bayona es el mundo de las fortalezas y las construcciones, es su otra vida, y también tiene que escuchar de esas cosas, y panfletos, y palabras por el estilo. Los domingos va a leer a la playa de Santa Marta y a poner la mente en blanco, a tocar la nada, la arena blanca y fina, la brisa y el rocío del agua gorgoteando en la villa marítima.
--- Ayer un hombre me observó con una mirada que hace mucho no sentía mi cuerpo.
Y su hermana no pudo contener reírse entre el té, el gato ronroneando en el pasillo, y la ventana abierta a la calle, en un amargo día nublado.
--- Yo te digo que hace tiempo que unos ojos como esos no me miraban así ---Mireya toma su té---. Siempre va al mismo bar, el que esta en la esquina de la oficina, sabes? y siempre lo veo leyendo uno o dos libros, yo creo que es latino. Porque lee cosas en español. Ayer me pareció que leía algo de América del Sur. Me miró con una expresión de cansancio, pero también con un temple iluminado. Como un santo.
--- Pensé que te había mirado como un hombre.
--- O como un padre. No lo sé ---mas tarde ambas se fueron a trabajar y esa charla quedó en el té, en el gato que se comió unas galletas de la mesa siendo regañado y nada mas, comentario efímero como una lagrima en la lluvia.
Mireya fue esa semana al bar, como siempre. Pero no lo vio. Pronto lo olvidó o le resto importancia. Todos los días conoce hombres que se guardan en el olvido. Como para no recordarlos mas, o para personificarlos siempre como una misma persona. Desde el bar llama a Sébastien, y pregunta por algún trabajo recomendado. Siempre Sébastien tiene algo. A ese si que no lo puede olvidar. Es buena plata y seguridad.
La policía la quiso detener en estos días, pasó Sébastien en el auto y tan solo la policía vio su auto la dejaron en paz. Aparte el perfil de Mireya siempre fue de buen trato con el mundo policial, esas esquinas hablan en voz bajo de ella, así también como de sus amigas. Son las tres marías. Ni un llamado de atención, ni un problemas, mas que son putas, jóvenes y lindas, que trabajan desde la mañana hasta la tarde y que ni siquiera las autoridades del colegio hacen alguna queja.
A Mireya le gusta mucho los caramelos de limón. Siempre tiene un aliento alimonado, como una brisa. Mireya compra caramelos y cigarrillos suaves en el mismo kiosco de siempre. Habla con el joven que atiende, un joven muy gracioso. Luego va al bar, en el camino se encuentra con una mujer adulta, muy hermosa, con el pelo largo y el cuerpo elástico, saliendo del centro social que está entre el bar y el kiosco. Mira a la mujer pasar, la mujer también la mira. Sus ojos se cruzan, pero los de la mujer parecen estar en otra parte, procesando pensamientos, preocupaciones. Mireya se para en el Centro Social y lee un cartel “Colecta Financiera Vascos Solidarios Para Los Milicianos Del Sur.” “Necesitamos Ropa Y Comida.” “Colabore Con El Fondo Revolucionario.”
El mes pasó como muchos otros meses. La inflación empezó a tocar cada bolsillo de cada ciudadano de Francia. Pararse en el puesto de diario es recibir un palazo en los ovarios. Todo está echo un desastre. No pudo asistir a la facultad, tomaron varios edificios los estudiantes y los docentes contra la ley oficial de reducción a la educación. Por otra parte Mireya esta pensando dejar los estudios. Esta teniendo unos buenos ahorros, no tiene hijos ni padres que cuidar, su hermana con su esposo se merecen mas privacidad. Empezar en otra parte, buscar otra actividad para ser, migrar como las palomas que cruzan los Pirineos hacia África, hacia los cielos, hacia otros países por sobre las nubes. La hermana la quiere meter en su trabajo, es una fabrica importante de calzado, pero Mireya no sabe, gustaría viajar, quizás a Norteamérica, aprovechando su inglés. La hermana no podrá convencerla, le habla durante la cena de los beneficios de pertenecer a la compañía. La noche del jueves, mientras hacían sobremesa, por televisión, vio una represión a los huelguistas de Renault, quedó indignadísima, luego se fue a dormir.
Cuando se higienizaba en un hotel luego de un servicio se vio los ojos tras el espejo. Extrañamente vio los ojos de la mujer de pelo largo que salía de aquel centro social, también recordó al del hombre que lee en el bar. Esos ojos exhaustos como también vivos, maduros, firmes, análogos.
Antes de irse a su casa toma unas bebidas con sus dos compañeras en el bar. Los atiende Clemente, muchacho moreno, muy gentil. Sirve sus Martinis y vuelve al cliente que esta tras de ellas. Es el hombre que lee, terminado su guiso de carne de buey, ahora tiene una revista inglesa de análisis político, un diccionario, unos cuadernos y un vaso de vino, vino de medio pelo. Clemente le habla en español, es claro ese acento, sus calurosas frases parecen dar un vinculo bastante estrecho entre el hombre y el mozo, sobre todo de respeto del joven al mayor, pero también de confianza del hombre a Clemente. En seguida el dueño del bar, Jacinto que es español, se acerca, casi con timidez y habla con el hombre y hasta se sienta en su mesa para tomar la revista con graves expresiones.
--- Mi hija puede ayudarnos. Le ruego que me deje intentarlo. ---dice Jacinto con intensa necesidad de colaborar.
Por fin se levanta el dueño del bar, hace un llamado por teléfono y pide urgencia.
Mireya esta tentada en querer saber, en querer meter la oreja en el vaso de vino casi vacío, mira tras suyo muy seguido, como también no deja de reír por el tercer Martini y hacer chistes con Mina porque Pili está enamorada de un chico que es cliente. Y también porque la ultima salida juntas fue un desastre de muchas drogas, mucho alcohol avaro y muchas vomitadas, de decir cosas que no se debían decir, de escándalo, resbalones, y absolutamente nada de sexo. Y Mina está de novia hace tres meses, lo cual es toda una hazaña.
Mireya quiere preguntarles si saben algo de aquel hombre de la mesa de atrás suyo pero Mina habla mucho a pesar de las aceitunas que come y Pilli de vez en cuando con las palabras dedicadas en ese chicuelo que la tiene loca, y cuando se quiere dar cuenta ya esta llegando a su casa, moderadamente mareada, y recordando la imagen cuando se estaba yendo del bar, que una adolescente venía a sentarse junto a Jacinto, el patrón español, en la mesa del hombre que la tiene atrapada. Y la jovencita tomaba esos libros y anotaba algunas palabras y ya no pudo ver mas.
--- Qué chismosa que me he venido --- abre la puerta de su casa, suspira al dar un primer paso hacia el cálido interior y se va directo al vestidor, rumbo a las horas extras del amigo Sébastien.
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--- Demian está en la biblioteca, es arriba, suban por esas escaleras --- el joven musulmán, resulta muy amable frente a los norteamericanos, muchos escritores y otros delegados sindicales.
Por lo pronto ya saben de la noticia de la llegada de los “yanquis”. Simon, el delegado de una sección de una fabrica motriz, es el que lleva la delantera, conoce el centro por otras visitas a Francia y a esa ciudad vasco francesa. Ibáñez es mexicano, de las textiles de Minessota, trae en su maletín un sin numero de facturas y papeleríos administrativos útiles, además de los cheques. Todo eso es parte de lo colaborado por los trabajadores de sus fabricas y las aledañas, también de las peñas, de las campañas entre intelectuales, actores, músicos, profesionales, pero sobre todo, de la colecta entre las familias obreras. Cinco norteamericanos mas están con ellos. Uno es escritor periodístico de un medio importante, y también hay otro escritor de literatura, famoso en el rubro de ciencia ficción.
Demian come queso de oveja, pan fresco y leche fría. Escribe con letra grande, tangible, sobre un cuaderno a punto de ser terminado. Al lado suyo dos franceses que también toman de un plato con la mano queso y pimentones, es una especie de almuerzo sobre trabajo, o biseversa. Un francés de color llamado Jean hojea una revista de análisis. Es este, ni bien ve asomar a los norteamericanos y al mexicano, quien se reincorpora y les sonríe tan saludablemente como el musulmán que los recibió.
Demian levanta la cabeza, y se pone de pie sin precipitarse, los norteamericanos fueron puntuales, por lo visto. Con mucha euforia Simon abraza a Demian, como también así lo hace Ibáñez. Tanto Simon como Ibáñez fueron los primeros en ser solidarios y activos a la nueva causa latina. Y ahora...
--- Las presentaciones estuvieron muy bien ---fría resulta la voz de Demian---, ahora la pregunta es cuándo empezamos a darle un fin inmediato a la financiación ---Demian se sienta e invita a la delegación a hacer lo mismo---. Los fondos han llegado y estos últimos cheques son lo que faltaban. Los ingenieros franceses piensan viajar a Lima en Abril, también se ultimó los preparativos finales para empezar acá la producción con camaradas ciertamente comprometidos y bien elegidos. ¿Vieron las muestras?
Ibáñez traduce.
--- Acá no hay muchos que sepamos de armas ---dice el escritor norteamericano.
--- No es necesario ni llamarse Kalashnikov, ni que sepan como martillean las armas ---responde luego Demian---, solo que el dinero tiene su buen uso colectivo ---parece esa una sonrisa, solo parece---. Una serie de pequeñas armas de repetición, fusiles automáticos y morteros, ello con un ritmo de producción excepcional, envidiable, fruto de una disposición militante acorde a estos tiempos, largas horas, muy largas. Todos sabrán el tamaño de la operación, los contactos con los operarios israelitas de la UZI, los ingenieros y diseñadores franceses de mucha confianza que nos hemos contactado piensan poner una serie de laboratorios e industrias en Latinoamérica para la producción de las nuevas ametralladoras, también que por el bloqueo mucho de aquel arsenal que pensamos tener debe partir de los países europeos . Todos sabrán que si bien estoy a cargo de la empresa en caso de caer se me desvinculará oficialmente de la organización. Que esto es necesario por sobre todas las cosas, que yo estoy tomando esa responsabilidad. También que por mi cargo en la Nueva Federación y mi participación activa en la organización me puedo dar esa “libertad”. No ser conocido por la prensa mundial mas que como un miliciano ordinario es útil en este caso. No podemos arriesgar con exponer camaradas dirigentes. En cuanto al Comité de Solidaridad y Acción ya ha dado señales de enorme vitalidad para Latinoamérica, no solo los franceses y los ingleses, también el grupo de Norteamérica ---los señala con elegancia graciosa---, a quienes ustedes responden. De más está decir que no sabrán ustedes de la localización de las dos instalaciones clandestina de producción ni quiénes serán los topos que produzcan las unidades, pero sí contamos con ustedes para poner las oficinas que serán de cobertura para la exportación, es Mac Thermann quien quedará a cargo de eso en este país según entiendo. Tenemos una red bastante compleja para poder asumir la entrega sin ser detectados por el bloque al continente.
--- Los camaradas ingleses ---agrega Jean --- han dado un informe detallado, en el último Congreso Mundial, sobre el fenómeno de lucha y reorganización en las minerías. La situación altamente revolucionaria puede, en el mejor de los casos, desde Inglaterra terminar con el bloqueo a Latinoamérica y cesar las operaciones militares. Pero también puede poner a la orden del día el punto de inicio de la revolución obrera en Europa, única alternativa para terminar con las penurias y el estancamiento de la guerra continental en América del Sur.
Acuarelas de idiomas y acentos exóticos rebotan en ese pequeño cuarto, donde libros y revistas se archivan con cierta desprolijidad, y donde el olor del papel viejo, tinta de edición y polvo entran en atmósfera junto al humo de los cigarrillos y el cansancio de los viajes. Diez sillas y diez hombres, muchas anotaciones, muchos cuadernos, anteojos, ceniceros, cigarrillos, cartas que se pasan de un continente a otro. El francés negro es de esa región, el otro, Urtzi, de la sección de Paris. Ibáñez es el intermediario del latino y los norteamericanos. El francés de Demian además es muy elemental, por otra parte el mexicano no sabes francés. Pero no hay porqué alarmarse, tampoco es tan formal aquella reunión minúscula. Mac Thermann, presente entre aquellos, es el mas adecuado para el cargo que le confieren, sabe varios idiomas, hasta inglés antiguo, francés, español y algo de italiano, será el que ponga, como pequeño empresario norteamericano, con capital del Comité de Solidaridad y Acción, la fachada de las oficinas exportadoras, supuestamente de acería para Panamá, colonia norteamericana. De allí se lo transportaría a Brasilia Neutral y luego por tierra a Buenos Aires, ya que el puerto está fuertemente bloqueado. Demian, sumamente práctico y operativo, se encuentra en malestar por esta traba del idioma, por depender de otros (toda América del Sur habla, en su 80 % el español). ahora que es como una especie de coordinador internacional clandestino de la Federación, o “el empresario ilegal”, como le dicen bromeando desde Argentina.
El joven musulmán se pone en la puerta con su sonrisa al viento. Una veintena de jóvenes entran con su venia. En seguida entra Lucrecia, una mujer adulta, con su destacado pelo largo, algo canoso en sus raíces, pero fuerte como sogas aún. Ella le devuelve una sonrisa sensual al joven musulmán.
--- Karim ---lo palmea con mucho cariño Lucrecia---, suerte tenerte acá. ¿Llegaron los amigos?
--- Todos de América y un latino, hace casi una hora. También los topos vinieron, recién, recién.
--- Sí ---Lucrecia mira a la vereda de en frente y ve pasar una de las prostitutas de la cuadra---, los acabo de ver entrar desde la esquina.
--- Otra novedad. Los camaradas de “recolección” quieren tener una reunión con tigo, con Michel o Jean.
--- ¿Qué ha pasado? ---Lucrecia sorprendida.
--- Van a paro. Hoy a la noche. Vinieron ellos con unos cuantos hombres mas.
--- Muy bien. El nuevo periódico puede retrasarse un poco más, para poder respirar mejor el nuevo aire a huelga y acción que se vive en esos hombres.
Parada ahí nomás, esta mujer orgullosa por las novedades comienza a llamar la atención. Las puertas de entrada del centro están abiertas de par en par. Unos macetones de cemento en cada rincón, unas rejas a unos pasos de la entrada, igualmente abiertas, un pasillo sin techo en seguida comunica con un pequeño patio con una fuente seca y descuidada en el medio, unos cuantos cuartos, unas escaleras, paredes con carteles y afiches. Lucrecia se incorpora en esa escena quizás como una femm de los centauros, como un bloque de temperamento puro, con un fuego interior que hasta desde aquella vereda donde ahora se agrupan las rameras puede verse de manera casi sobrenatural.
--- ¿Qué dices Mire, ---dice Mina con pose hacia los autos--- sería una buena competencia, verdad?
Mireya mira a aquella mujer en la puerta del centro y sonríe levemente. Sí, sería digna competencia.
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Mina desde el bar llama a Sébastien, corta sonriendo. Buen trabajo con buena paga. Los pajaros que les encarga Sébastien son hijos de abogados y doctores, van a pagar bien, bastante bien. Tienen que ir vestidas como estudiantes porque el edificio que están es privado, pero se cambiarán allí. Claro que lo toman. Es a las diez de la noche. Mireya toma su agua y se levanta al tiempo que sale del bar, aquel hombre que lee en español y que con tanta dificultad, por lo que ha visto Mireya desde lejos, le trae descifrar el inglés.
Camina tras de él. Mireya va hacia la esquina, un último cliente y se va. Cuando se quiere dar cuenta el hombre se mete con rapidez en el centro social de mitad de cuadra. Ella lo relaciona inmediatamente con la mujer de largo pelo lacio. Y claro, tendría que haber sabido que si este hombre lee artículos de todo tipo sobre el análisis internacional, la geografía y los hechos mas recientes e históricos de Latinoamérica, tendría que haber sospechado cierta relación con la guerra civil en Sudamérica y con el centro social de solidaridad con los milicianos. Aparte estaba segura que ese hombre era latino, no tal vez por su manera de vestir, ni su porte, ni sus rasgos físicos, sino porque había hablado en español con el mozo del bar, con el dueño del bar y bueno, ahora entrando allí. Todo era mas que obvio.
Pasa unos diez minutos en la esquina. Así sale de una vez el hombre del centro social. Sencillo, con un pulóver y unos jeans. Sin ningún portafolio como siempre lo ha visto. Mireya sabe que pasará frente suyo y ve esa mirada que la ha encontrado en su camino.
--- Si no tiene tanto apuro podría hablar con migo. --- le dice Mireya a un lado de él.
Éste va parando su andar, le mira los ojos y luego su cuerpo. Claro que sabe que es puta, pero le sorprende porque anda trabajando con ropa cotidiana, justamente para poder trabajar allí tranquila.
--- Y de qué le gustaría hablar, mujer --- una sonrisa un tanto tímida y no por eso no tentada ---. No creo que del clima, no es cierto?
--- Podríamos hablar en inglés si quiere. Siempre lo veo en el bar luchando con el diccionario de inglés.
--- Y el de francés también. Parece que nos hemos prestado atención.
--- Y porqué no me lleva con usted a alguna parte, yo le puedo enseñar inglés y francés, también occitano, en mi lengua caben esos idiomas, como también podría saborear lo que usted tenga para darme. ¿O se siente muy viejo para una cachorrita como yo? Yo no creo que sea por falta de tiempo...
--- No, por favor. Si bien mi cuerpo viejo me sugiere, tampoco voy entregado a todos los placeres de la vida...
--- Vamos hombre. Yo se lo que usted necesita.
--- ¿Cuál es tu nombre, dímelo?
--- ¿Quiere saber mi nombre? Mireya es mi nombre, señor.
--- No, no, dime tu verdadero nombre, el que te haces llamar en tu familia.
Mireya se ríe.
--- Me llamo Corina.
--- Bien Corina, a cinco cuadras de acá puedes verme. Eres muy hermosa, tu lo sabes, yo lo se, y ahora puedo contar que aquí mas de eso no te puedo decir.
Y Corina le sonríe y le acaricia su mano, como al pasar, y conoce un tacto duro. El hombre se va y Mireya se queda estúpidamente sin saber su nombre. Son menos cuarto. Ya se esta yendo. Desde lejos saluda a Pilli y Mina aparentemente está con un cliente. Se va caminando, esas cinco cuadras con su caramelo de limón. En una parada de taxi está ese hombre con una revista, que aparentemente acaba de comprar porque hace unos minutos cuando lo vio no tenía mas que sus manos en los bolsillos. Se acerca, él la mira, le sonríe.
--- Pero no conozco su nombre.
Mireya tan cerca como el mar de la playa.
--- Miguel.
--- Y ese... es su nombre verdadero?
El hombre ríe.
--- No, Demian me llamo. ¿Sabes ingles, entonces?
--- He estudiado en un instituto, se ingles desde muy pequeña, y también se español, algo recuerdo de la escuela.
--- Muy bien. Y dime, ¿cuánto cobras?
--- ¿Como para qué me quieres, Demian, para echarte un buen polvo a la francesa, o para traducirte del ingles al español?
--- Desde el principio no nos hemos engañado, parece. No puedo decirte que no quisiera polvorearte.
--- Bien, es usted muy sincero.
Demian no quiso ir a un hotel habituado por Mireya, prefirió ir a uno desconocido por los dos. Demian es agradable, preguntón, muy despierto, le aseguró tener 57 años de edad. Y no los parece. Cuando se saca la camisa aquel hombre Mireya siente de cerca aquellas heridas profundas, tajadas y hendiduras, también puede entender que esas huellas tuvieron su tiempo de cicatrización. Pero al lado o arriba de ellas también ve y siente otras heridas mas recientes. Quizás de unos pocos años, o quizás meses. Sébastien tiene una vieja herida de bala en la cintura, la recuerda ahora que ve el cuerpo de Demian, este hombre aún mas golpeado, mas preparado quizás a entenderse con el plomo.
Mireya sabe sacar pantalones, despierta lo que hay adentro, lo acuna en su mano con gracia, lo alimenta, lo unta en saliva, su campana le tararea, le suscribe notas musicales sobre la carne y le emplea entusiasmo al cuarto, un cuarto con luz de atardecer, con una cama en su centro, una cama lista, como para almorzarlos. Y la piel se besa con practica de antemano, se le habla de cerca, palabras picantes y gestos para el delirio, mucho teatro, buen teatro, unas caricias en las nalgas firmes de aquel, que además siente devolver la vida al cuerpo y la sonrisa y unas cuantas frases que cualquiera por mas que no supiera español podría entender en esa situación, en el que ahora ella besa su ombligo, y sus senos chicos sacuden el sexo de Demian, porque amerita llamarlo por su nombre, no es un cliente sin rostro, Mireya, sabe su nombre y que fue un hombre de mucho camino, y también océano, porque de América se vino en barco o en avión. En cuanto a Mireya, puede Demian llamarla Corina, no va a ser de otra manera, que además ahora se ha levantado y le mueve el culo como en una zamba. Demian le besa el cuello, casi se lo muerde, sus manos son fuertes, de acción. Con firmeza aprieta sus tetas menudas, no las acaricia, las recorre, las conmueve, las reconoce, las memoriza. Sus cuerpos, entre el látex, son un enlazamiento entro lo joven y lo viejo. Se llevan treinta años. Y él lo sabe, 30 años de vida entre ambos, vidas difíciles. Tan pequeña para él, un trabajo tan agitado, una mercancía tan sabrosa, quizás la miel se le asemeje, sus ojos verdosos, los labios que lo besan, su pelo suelto tocándolos. Transpiran, se envuelven, viajan el uno con el otro. Como es un señor de anticuados pies, que han dado sus kilómetros, que han saltado sus océanos, es difícil traerlo de regreso, le cuesta pero lo disfruta. Lo soñaba, lo necesitaba. La respiración de Demian es potente, tiene fuerza y hasta rudeza, algo de salvajismo sobre ese cuerpo mas chico, cálido, con un velo alimonado, como si cáscaras de limón fueran soltando sus poros hacia él, salpicándolo con un aroma emocionante. Finalmente llega. Llega agotado, pero echo, bien resuelto. Ella podría levantarse en seguida, como casi siempre. Siempre las excepciones están. Esas heridas..
--- ¿Luchaste en la guerra, no?
--- Lucho.
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Se vieron seguido. Nunca dejo de pagarle. Recordó el desastre que hizo Pilli enamorada de un pendejo. Mireya enamorada no está, simplemente cooptada. Demian no habla mucho del pasado, quiere resolver el presente y posicionarse hacia el futuro. Aparte nuevamente se encuentra apasionado con ella. Le ha regalado un libro de poesía de autores latinoamericanos, se los devoró. Ella no pudo evitar invitarlo a caminar por la playa. Hablando de palomas que emigran, también hay una deliciosa comida popular, salmis de paloma, especialidad de la gastronomía vasca, acompañadas con uvas maceradas, patatas y huevos de codorniz, y nada de pobre palomita. Mireya se siente comida poco a poco, sin apuro, por aquel geronte, como le dicen Pilli y Mina con maldad cómica. Tiene una cultura excepcional, aunque conoce poco de Europa. No le pregunta sobre su trabajo, en poco tiempo se convierte en una especie de cable a tierra, su otro ascenso al mundo mortal siempre fue su hermana, pero Demian la atrapa con sus razonamientos, con su postura hacia la vida.
--- ¿Eres casado verdad?
--- Sí, de manera pagana, pero estoy casado.
--- Esta en Sudamérica, verdad?
--- No, no lo está. Ha venido a Europa, como yo.
Por un tiempo no lo vio más. Fue un tanto repentino. Un par de días también el centro se cerró, cuando estaba abierto todos los días. Después vio también a la mujer de pelo largo. En las primeras semanas de Octubre hubo una marcha multitudinaria por los derechos a los presos vascos. Fue con su hermana luego del trabajo. Fue la primera vez que iba a una manifestación. De pronto se lleno el centro de actividad. Vino mucha gente. Por ese entonces los recolectores de basura de toda Francia fueron a la huelga en apoyo a la lucha que estaban haciendo en la ciudad de Bayona. Una vez victoriosa la huelga, reincorporado todos los cesanteados por la empresa y echados del sindicato por sus trabajadores los viejos delegados que ya no representaban a nadie los camiones de la basura llevaban las banderas de la Federación Socialista de Sur de América. Algunos trabajadores de ese gremio eran inmigrantes de América de Sur o hijos de inmigrantes. Un día Pilli se trajo un prendedor del Comité Vasco Francés de Solidaridad y Acción con las Milicias Sudamericanas de la Federación Socialista. Todas se rieron y Mina comentó algo sobre la guerra. Toda Francia estaba politizada. Hasta las putas hablan de política le dijo un cliente al empleado del kiosco por el prendedor de una de ellas.
Al tiempo Francia se convirtió en el primer país de Europa en reconocer legalmente a la Federación Socialista como país unificado. Un grupo fascista apaleó a unos manifestantes chilenos en los suburbios del sur de la ciudad. También hubo pintadas racistas. Y un grupo de choque entró en una cesión abierta del sindicato de marmoleros que estaba en manos rojas, como muchos otros gremios.
Mireya vio un par de personajes espiando el centro. También en el bar se podían ver un par de alcahuetes y policías de civil. Pronto Sébastien le dio un trabajo.
A las ocho de la noche llega sola a una casa altiva, con un rosedal en el jardín y cubriendo parte de la fachada de la estructura. Una casa de dos pisos con dos terrazas, plaza garaje, vista al río, en una zona de buena plata. Toca timbre y la hacen pasar. Cuando entra un par de hombres la hacen sentar, se acomoda en un sofá Sébastien que aparece de una habitación. Un barbudo, de rulos y mucho peso se le acerca.
--- Estas para trabajar en algún asunto nuestro ---el sujeto le tira un aliento confuso de cigarrillo y café que le hace retirar el rostro de Mireya lejos de sus labios.
--- No se que pasa acá. Sébastien ---busca a un silencioso y casi imperceptible Sébastien---, Sébastien por favor quien mierda son estos charlatanes.
El barbudo le toma el pelo con rudeza.
--- Escúchame niña ---le tironea---, el mundo en el que juegas es muy peligroso ---se contrae Mireya---, tiene sus idas, sus vueltas, y en una u otra esquina ---se seca la boca de Mireya---, puedes toparte con migo o con mis amigos. Y ahora nos has encontrado. ¿Qué te parece?
Sébastien atrapa una enorme bocanada de humo de un cigarrillo húmedo en su punta, quemado, caliente.
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Demian viajó por Francia con Mac Thermann, un camarada norteamericano de mucha confianza allá, en el norte de América. Demian desde el primer instante supo desconfiar de Mac Thermann, tiene poco que opinar sobre el mundo en el que uno se para, y mucha autoridad sobre los lugares que visitar. Tiene conocidos útiles, pero también sospechosos. Tiene poco contacto con sus pares norteamericanos, pero sabe usar el teléfono a toda parte que va.
Cuando estuvieron en Toulusse habló con Urtzi, que había venido de Paris, habló a solas, de manera bruta quizás, para que no haya malentendidos. Quería ser lo mas claro posible, no era la primera vez que debía dejar a un lado la ingenuidad y las bondades humanas. La primera sospecha, minúscula, es la intromisión de Mac Thermann en asuntos de la organización que plantean una discusión algo mas profesional, menos personalista, mas acorde a la historia de la organización que habían decidido construir. Le extrañó también ciertas desapariciones, por tiempos prolongados, la agitación y su forma asustadiza de andar por las calles. Todos caminaban con suma atención, todos, en Francia, en España, en Estados Unidos, en Perú y en Bolivia, habían aprendido a desconfiar hasta de la sombra mas infantil, habían aprendido a andar con prevención, pero no con temor. Mac Thermann no esta armado, Demian sí, una 9mm Glock con un cargador de 30, lo sabe usar, no duda en usarlo. También sabe contenerse, no es de escupir fuego ante el primer susto.
Mac Thermann trae direcciones, habla con los franceses de la sección, que prácticamente volcaron un subcomité a su disposición, encargado de buscar oficinas, de depositar y extraer dinero de los bancos, de poner pequeñas empresas para hacer circular efectivo de un país a otro. Ahora también la sección francesa, con la dirección exclusiva de Urtzi, constituyó un nuevo subcomité secreto que acompaña a distancia moderada los pasos de Mac Thermann. Demian a unos minutos de abordar el tren hacia una cita importante recibe un informe de Urtzi. Mac Thermann no es de fiar.
Vuelto a Bayona se reúne con Lucrecia. Lucrecia se extrema, pero Demian no puede dejarse llevar. Hay que pensar como contrarrestar la infiltración. La guerra en Sudamérica está mas que estancada. Si bien hubo en el frente norte un revés a favor de los milicianos murieron varios coordinadores militares de importancia no solo para la organización sino también para la federación toda. Lucrecia está tan emocionada como Demian al recibir la noticia, muy angustiada quizás también por tener en cima a la CIA y al nuevo servicio de inteligencia MAP.
Esa noche Demian y Lucrecia tocaron sus cuerpos, hace quizás cinco meses que no se miran con placer, un tiempo después que se enteraron de la muerte de Bárbara, la hija de ambos. Murió de una herida mal curada sufrida en un bombardeo a Banfield. Era el segundo hijo muerto en la guerra, si bien Alfio era hijo de Demian de su primer compañera, prácticamente fue amigo y camarada de Lucrecia durante el asedio a Montevideo. Luego Alfio se convirtió en un miliciano realmente heroico en los primeros años, los mas duros, en los que temple y coraje como el de Alfio eran absolutamente imprescindibles para la moral de los trabajadores, tanto como el agua y los víveres. Pero Bárbara, Bárbara era una niña tal vez, Bárby enseñaba a los niños a higienizarse, a evitar enfermedades de la guerra, a no perder a los mayores, a buscar lazos solidarios con sus pares. Y desde la muerte de ella ambos se solidificaron en sus sufrimientos, un glaciar impenetrable nació entre los dos, mas las obligaciones que los separaba a un contacto mas humano. Para la empresa de Europa se le confió el trabajo a Demian, Lucrecia aceptó viajar con él, incluso, por su destacado nivel político y organizativo, sobre todo cuando la misma defensa de Montevideo, a fortalecer la sección francesa. Ella en su primer exilio había huido a Francia y había vivido dos años allí, conocía a la sección francesa, conocía a muchos de ellos, los vio crecer.
Demian necesita la confianza que Lucrecia le trae, con una simple mirada, una mirada que a veces por los años que han pasado juntos se complementan, se ve uno en el otro, se copian sin plagiarse, se absorben y devuelven fortalecidos.
Entre esos besos extraños después de no tocar esas texturas durante tiempo, unas sonrisas un tanto tristes parecen consolarlos.
--- Me alegro que estemos juntos, en esta tregua relativa, en estos aires sin pólvora.
Lucrecia quisiera sonreír de vuelta, lo besa con gusto a chocolate, apoya su cabeza en el pecho de Demian, y duerme sin temor, como siempre ocurre cuando duerme sobre el pecho de él.
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--- Entiendo lo que me has dicho Mac, pero el departamento de Petit Bayonne es una zona muy turística, esta lleno de calles estrechas y medievales, muchos bares. El olor a mar a mí, en lo particular, me da un tanto nauseas, he vivido en Mar del Plata cuando era niño, malos recuerdos. Cierto que la Nive tiene aires mas agradables. Queremos algo mas alejado del turismo, tu sabes que esta ciudad vive del extranjero con dinero. No queremos confundir a la CIA con turistas, sería muy fácil que esto ocurriera, me entiendes, verdad?
Mac Thermann lo entiende, entiende el francés del argentino, habla fluido el francés y el español. Es ideal para estos contactos entre continentes, por eso se le confió a Mac Thermann, que es profesor de literatura. Se le dio esa tarea no tanto por su calidad política sino por lo indispensable de la buena comunicación. Una apreciación errónea detectada a tiempo.
--- Se de lo que me estas hablando ---caminan en diagonal por una plaza---, se que conoces de pequeñas empresas, de locales, de precios, también conocerás lo que nos pasó en Brasilia con nuestra sección inicial allí, antes de la revolución en Bolivia. Había un José, un dirigente de autopartes, también dirigente del grupo. Cuando comenzó a crecer, a extenderse, era él el hombre mas audaz, el que empujaba a la decisión, a la entrega del grupo. Era un militante que conocía uno y cada uno de los movimientos en Brasil, mucha confianza para ese compañero, excesiva confianza ---cruzan la calle, Demian sabe donde ir---, nunca hay que ser devoto a esas relaciones de poco control entre la organización y la base. Nunca hay que darle el timón completo a un capitán del que no se conoce su vida por completo, que no está probado ante álgidos combates de clase, y no te hablo lo que respecta a lo militar, sino en lo político. En la época de la represión, quince camaradas de la dirección brasilera cayeron uno por uno. Todos menos José, lo sabías, Mac?
--- No, no lo sabía.
Un edificio en frente de ellos.
El encargado les abre, conoce a Demian. Pasan, suben al ascensor.
--- ¿No?, ¿No lo sabías? Es una derrota que hemos tenido que todos hemos tomado como ejemplo.
--- Sí, si ---esta dudando qué decir Mac Thermann---, no he explorado mas de lo que se dijo alguna vez..
--- Es raro en ti, amigo Mac. Te digo la verdad. Si conoces la historia debes ser uno de los privilegiados. Pocos lo saben --- Ahora Mac Thermann se ve confundido---. En realidad solo lo saben las direcciones de las seccionales, sobre todo porque no se puede decir que haya sido José el entregador. ¿Tu que sabes?
--- Nada Demian. Alguien alguna vez me ha comentado. Pero no se mas que lo que me cuentas. Además no entiendo a donde quieres ir.
--- Que no conocemos como son estos del MAP y los de la CIA, que se te meten por todas partes, por las narices, por las axilas, por las ventanas, por las orejas, que se te vienen de turistas, o son tus amigos mas íntimos. Por eso nos parece mas conveniente conocer otros establecimientos. Conocerás este departamento, ya verás. Es un lugar exclusivo.
El ascensor se ha detenido.
--- Dime amigo Mac ---Demian se para frente a él, le arregla el cuello de la camisa---, ¿estas armado?
Mac Thermann lo mira por un momento extrañado, expectante. Demian no tiene mueca alguna para adelantarle ningún posible rumbo.
--- No, no uso armas.
--- ¿Y cómo piensas matarnos, Mac? ¿Cómo te mandan a traicionarnos sin un arma para matarnos? Cualquier asesino a sueldo usaría una punto 22, porque hace menos ruido, menos desparramo. Se puede silenciar. No te tira a la mierda, pero te mata. Te juro que te mata. Pero un entregador... sin embargo éste usaría otra arma, el engaño.
--- No entiendo que me estas...
Demian le da un manotazo en medio de la cara, Mac Thermann cae al suelo y se encuentra frente a una 9mm. El ascensor se abre. Hay unos tres franceses esperándolos, deseosos de saber más.
--- ---
Mireya ha cambiado drásticamente su humor, y disposición para con todo lo que la rodea. En frente de la casa cultural debe mirar mas de lo que necesita. En la esquina están dos hombres. En el bar tres. En una camioneta Kangoo express apostada cerca del kiosco hay dos mas, uno de ellos es el jefe de la operación. Los nervios la matan. A unos pasos está un tipo flaco, alto, algo desalineado. El centro esta abierto. Adentro vio a la mujer de pelo largo, ahora echo un rodete, a tres personas mas, todos jóvenes. No hay mas. Por lo menos ese día no entro nadie mas. Demian resulta ser un terrorista para los del MAP. El MAP que no es muy legal por ese país, pero que tiene sus adeptos franceses, uno es el comisario de la zona. Sin embargo ninguno de esas calles debe ser efectivo de la comisaría. Deben ser de otras partes, o civiles, o militares. Mireya no quisiera; está ahí con desgano. Si el mundo se hiciera pedazos ahora le haría un gran favor. Un par de autos pararon para llevarla, ella los mando a cagar. A todos, tiene que estar ahí. De vez en cuando pasa también un 407. Esos son tíos jodidos, dan un par de vueltas y vuelven. Por allá viene aquel que irá a morir. Si pudiera hablarle desde su corazón. No quiere que pase aquello. No quiere que un hombre así, tan vigoroso, con tanta historia en sus cuerpo, tuviera que ser apuñalado de esa manera.
Pasa el kiosco, camina tranquilo, sin idea de nada. Ella está a un paso de morir de taquicardia. El tipo flaco y alto se le acerca a Mireya a pasos largos. Visible, la golpea con fuerza. Demian levanta la vista. Mireya grita, se suspende por un momento la rotación de la tierra, el aire, la circulación del transito, los ojos crispados de los asesinos. Demian se apresta a la escena.
--- ¡Alto! ¡No siga!---grita Demian.
Ya está a unas baldosas de distancia, atrás suyo otros peatones. Mireya se refriega con el tipo que la golpea y la insulta. Demian tiene pocas chances. El tipo que hasta ahora no mira venir a Demian, solo lo intuye, se da vuelta en un segundo, cuchillo en mano, ojos inyectados en sangre, será por accidente, por una refriega en la calle. Pero Mireya se traiciona, evita que lo fulminen.
--- ¡No, Demian! ¡Es una trampa, es una trampa!
Demian lo sabe, después de todo, aquello es como jugar al ajedrez, da un paso atrás, toma el brazo del tipo flaco. Los peatones dejan de actuar como tal y son refuerzos que detrás de él lo secundan, ayudan a reducir al hombre del cuchillo, que ahora se ve ante cuatro personas, todos armados.
--- ¿Quién tiene a quién ahora, idiota?--- dice Jean al tipo flaco quien da vuelta entre sus pasos y mira hacia el bar.
Desde allí salen dos hombres decididos, sacan sus armas de sus chaquetas.
Jean, Demian y los otros se tiran al suelo.
Comienzan a disparar al grupo allí en la calle. Dos, tres, cuatro disparos cada uno. La gente en la calle, sorprendida, grita y se espanta.
Inmediatamente del centro responden al fuego, decenas de disparos de caño corto y largo. Pistolas, revólveres y fusiles que habían estado aguardando toda la noche allí.
Una moto con dos personas pasa por la calle y tirotea con una ametralladera la camioneta Kangoo que aún no ha reaccionado. Los tirotea a quemarropa. La camioneta responde.
Cien proyectiles son lanzados en esa cuadra diminuta para tanto pum bam ratatatatata. La balacera sigue desde el bar hacia el centro y hacia los que ahora están agazapados bajo los autos, respondiendo como pueden. Demian dispara hacia el bar dejando la boca del cañón de su 9 exhausta.
Desde la esquina se aproximan otros dos hombres armados. Demian los ve y dispara tres veces, cae uno de inmediato, el otro responde con un fusil ametralladora. Cae Jean herido. El tipo flaco ahora se aposta con los que están en el bar. Mireya ya no siente ni un rumor de su corazón. Demian la mira.
--- Abajo, abajo.
Una bala revienta sobre la carrocería del auto que los protege. El arma de Demian dispara con su segundo cargador.
La moto se va, uno de ellos esta herido.
Un Peugeot 407 por el lado del colegio dobla en contramano, presto al llamado parapolicial, hace fuego potente y se detiene al lado de la camioneta, dispara contra el centro. La pared hace saltar el material y la pintura ya no es lisa, la puerta de este se astilla, cede, se mantiene a duras penas. De la azotea del centro escopetazos en reprimenda. Nada improvisado.
Demian tiene dos armas disparando, una es una 22 de uno de los cuatro que le cuidaban la espalda, que esta casi muerto.
Mireya sintió un pinchazo primero, ahora se le moja su ropa. Está herida, no sabe como ha pasado. Demian dispara hasta acabar el cargamento de ambas pistolas. Carga la suya y sigue, es la tercera. Cae el tipo flaco con un balazo en la boca. El aire es irrespirable.
El 407 a mitad de calle, calles angostas, está agujereado por donde se vea. Los del bar se han ido o están muertos.
No, están muertos. Jacinto, el dueño del bar, tiene un arma en la mano, disparó desde adentro a los alcahuetes esos. Grita para que vengan hacia allá, mas guarecidos. Del 407 le disparan y pega en la ventana del bar, a unos centímetros de la cabeza de Jacinto que cae al suelo al estallar los vidrios casi en su cara, está herido. Los empleados lo meten arrastrando.
Mireya sin poder moverse, a lo mejor por la herida en la cadera, a lo mejor por miedo a morir desparramada del dolor, con el pómulo sudoroso en el empedrado y las venas palpitando sobre su frente, mira hacia la puerta del centro. La mujer de pelo largo, sale a la vereda, al descubierto, ahora con un rodete y una ametralladora liviana mp5 bien aferrada, hace fuego hacia donde están los del auto, hace fuego y Mireya la mira con mucha atención allí agazapada. Aquella mujer tiene casi sesenta. Eso parece. Las ráfagas del mp5 hacen temblar levemente el cuerpo. Quizás la elevan a una categoría superior de ser. Desde el primer instante vio a esta mujer como con cierto encanto. El mismo encanto volcado hacia Demian. Las balas se sueltan por el espacio, lanzadas por la ponderosa pólvora, zigzaguean imperceptiblemente, tocan cuerpo y revientan, destrozan, o repican. Ahí van como mosquitos hambrientos, con sus colas fulminantes, como segmentos de luz opaca que se estiran hasta que llueven sobre un hombre y se abren sobre su carne y chocan sobre órganos y huesos y rebotan por dentro y salen por otro lado o lo traspasan todo.
No se escucha mas luego de aquel ultimo tableteo. La ametralladora de Lucrecia deja de llamar la atención con tanto escándalo que salía de sus entrañas, se responsabiliza también de hacer callar a sus contrincantes que fueron las 9 mm e incluso alguna uzi perdida por ahí. Por un segundo hay un silencio completo. Solo por un segundo. También se escuchan gente corriendo o gritando con histeria.
Demian y sus ojos que lo llevan a Lucrecia. Lucrecia que lo mira, esta integro. Con sus labios casi blancos. Pero fresco. Tres personas yacen. Los hombres y mujeres del centro, casi quince en total, se acercan a los cuerpos de los atacantes.
Uno esta dentro de la camioneta sobre el cuerpo de su acompañante muerto. Está herido, con una ametralladora caliente sobre su falda. No puede moverse. Chorrea sangre aquí y allá, su barba se llena de gotas de sangre y baba, sus rulos transpirados y casposas, su gordura perforada lo asfixia, morirá sin nadie que lo llore. Le sacan el arma sin mas tramites, también al otro.
Al lado del auto, sobre la calle hay un cuerpo tieso, humeando sus ropas y su piel quemadas, su alma huída.
Hay sangre que parece ser de uno que escapó. El chasis del 407 esta cubierto de plomo, lindo vehículo ahora. Desde lejos se escucha las sirenas de ambulancias y patrulleros. Las bocinas de los autos que se han detenido ahí nomás del choque armado se refuerza con los que están mas atrás. Algunos curiosos se llegan al lugar, pero se echan atrás porque no se entiende qué son esas armas, ni quién es esa gente que porta esas armas, ni tampoco quiénes los que muertos y heridos se esparcen por 407 y Kangoo, por las calles, veredas y bar. Karim junto a Lucrecia y Demian atiende a los heridos, el acompañante de la moto ya esta en alguna casa a salvo, comenta que tienen un muerto.
--- Es Michel. Se la pusieron en la cabeza.
Mireya esta desangrándose. También esta Jean pero esta bastante de buen humor, esperará a que llegue la ambulancia y las enfermeras para transitar los parques de Paulmy. Lo ayudan a levantarse y junto con dos jóvenes mas se lo llevan junto a las armas no matriculadas que usaron.
--- ¿Cómo sabían? ---la garganta de Mireya se mezcla con saliva y sangre, esa sensación tan agria.
--- El dueño del bar es amigo nuestro, está herido pero está bien. Nos advirtió los movimientos que se venían haciendo en la calle. Nos preparamos, desde hace dos noches unos cuantos de nosotros esperábamos adentro y vigilábamos desde la terraza. Y también un tal Mac Thermann, el amigo Mac nos comentó algo, lo mas puntual, que me irían a matar hoy.
Mireya no entiende, pero está, en cierta manera, alegre por que no ha muerto Demian. Lucrecia la toma de la mano, revisó la herida, esta grave.
--- No vamos a esperar a la ambulancia, hay mucho tráfico. Además nos largamos nosotros, ya vienen los abogados. Este chico ---señalando a Karim--- y dos mas te van a llevar al auto que está allí en la esquina, te atenderemos bien.
La levantan y Demian le acaricia el rostro.
--- No te me vayas a morir. Necesito una traductora de ingles, francés y español que sea confiable.
--- No quise traicionarte Demian, en realidad todo esto...
Mireya se descompensaba. Karim se la cargo sin darle tiempo a mas y se fueron hacia un auto que dio prisa antes que viniera la policía vasca.
Ya unos cuantos agentes se empezaban a hacer presente.
Lucrecia y Demian se fueron caminando.
--- ¿Estás bien? ---se dijeron al mismo tiempo.
--- Esa muchacha...
--- Corina es su nombre.
--- Es una hermosa joven.
--- Como nuestra Barby lo era.
--- Sí, muy parecida.
Se tomaron de la mano y anduvieron en silencio. Aplacando la agitación, acompañados. Atentos, pero sin temor.
Mireya fue esa semana al bar, como siempre. Pero no lo vio. Pronto lo olvidó o le resto importancia. Todos los días conoce hombres que se guardan en el olvido. Como para no recordarlos mas, o para personificarlos siempre como una misma persona. Desde el bar llama a Sébastien, y pregunta por algún trabajo recomendado. Siempre Sébastien tiene algo. A ese si que no lo puede olvidar. Es buena plata y seguridad.
La policía la quiso detener en estos días, pasó Sébastien en el auto y tan solo la policía vio su auto la dejaron en paz. Aparte el perfil de Mireya siempre fue de buen trato con el mundo policial, esas esquinas hablan en voz bajo de ella, así también como de sus amigas. Son las tres marías. Ni un llamado de atención, ni un problemas, mas que son putas, jóvenes y lindas, que trabajan desde la mañana hasta la tarde y que ni siquiera las autoridades del colegio hacen alguna queja.
A Mireya le gusta mucho los caramelos de limón. Siempre tiene un aliento alimonado, como una brisa. Mireya compra caramelos y cigarrillos suaves en el mismo kiosco de siempre. Habla con el joven que atiende, un joven muy gracioso. Luego va al bar, en el camino se encuentra con una mujer adulta, muy hermosa, con el pelo largo y el cuerpo elástico, saliendo del centro social que está entre el bar y el kiosco. Mira a la mujer pasar, la mujer también la mira. Sus ojos se cruzan, pero los de la mujer parecen estar en otra parte, procesando pensamientos, preocupaciones. Mireya se para en el Centro Social y lee un cartel “Colecta Financiera Vascos Solidarios Para Los Milicianos Del Sur.” “Necesitamos Ropa Y Comida.” “Colabore Con El Fondo Revolucionario.”
El mes pasó como muchos otros meses. La inflación empezó a tocar cada bolsillo de cada ciudadano de Francia. Pararse en el puesto de diario es recibir un palazo en los ovarios. Todo está echo un desastre. No pudo asistir a la facultad, tomaron varios edificios los estudiantes y los docentes contra la ley oficial de reducción a la educación. Por otra parte Mireya esta pensando dejar los estudios. Esta teniendo unos buenos ahorros, no tiene hijos ni padres que cuidar, su hermana con su esposo se merecen mas privacidad. Empezar en otra parte, buscar otra actividad para ser, migrar como las palomas que cruzan los Pirineos hacia África, hacia los cielos, hacia otros países por sobre las nubes. La hermana la quiere meter en su trabajo, es una fabrica importante de calzado, pero Mireya no sabe, gustaría viajar, quizás a Norteamérica, aprovechando su inglés. La hermana no podrá convencerla, le habla durante la cena de los beneficios de pertenecer a la compañía. La noche del jueves, mientras hacían sobremesa, por televisión, vio una represión a los huelguistas de Renault, quedó indignadísima, luego se fue a dormir.
Cuando se higienizaba en un hotel luego de un servicio se vio los ojos tras el espejo. Extrañamente vio los ojos de la mujer de pelo largo que salía de aquel centro social, también recordó al del hombre que lee en el bar. Esos ojos exhaustos como también vivos, maduros, firmes, análogos.
Antes de irse a su casa toma unas bebidas con sus dos compañeras en el bar. Los atiende Clemente, muchacho moreno, muy gentil. Sirve sus Martinis y vuelve al cliente que esta tras de ellas. Es el hombre que lee, terminado su guiso de carne de buey, ahora tiene una revista inglesa de análisis político, un diccionario, unos cuadernos y un vaso de vino, vino de medio pelo. Clemente le habla en español, es claro ese acento, sus calurosas frases parecen dar un vinculo bastante estrecho entre el hombre y el mozo, sobre todo de respeto del joven al mayor, pero también de confianza del hombre a Clemente. En seguida el dueño del bar, Jacinto que es español, se acerca, casi con timidez y habla con el hombre y hasta se sienta en su mesa para tomar la revista con graves expresiones.
--- Mi hija puede ayudarnos. Le ruego que me deje intentarlo. ---dice Jacinto con intensa necesidad de colaborar.
Por fin se levanta el dueño del bar, hace un llamado por teléfono y pide urgencia.
Mireya esta tentada en querer saber, en querer meter la oreja en el vaso de vino casi vacío, mira tras suyo muy seguido, como también no deja de reír por el tercer Martini y hacer chistes con Mina porque Pili está enamorada de un chico que es cliente. Y también porque la ultima salida juntas fue un desastre de muchas drogas, mucho alcohol avaro y muchas vomitadas, de decir cosas que no se debían decir, de escándalo, resbalones, y absolutamente nada de sexo. Y Mina está de novia hace tres meses, lo cual es toda una hazaña.
Mireya quiere preguntarles si saben algo de aquel hombre de la mesa de atrás suyo pero Mina habla mucho a pesar de las aceitunas que come y Pilli de vez en cuando con las palabras dedicadas en ese chicuelo que la tiene loca, y cuando se quiere dar cuenta ya esta llegando a su casa, moderadamente mareada, y recordando la imagen cuando se estaba yendo del bar, que una adolescente venía a sentarse junto a Jacinto, el patrón español, en la mesa del hombre que la tiene atrapada. Y la jovencita tomaba esos libros y anotaba algunas palabras y ya no pudo ver mas.
--- Qué chismosa que me he venido --- abre la puerta de su casa, suspira al dar un primer paso hacia el cálido interior y se va directo al vestidor, rumbo a las horas extras del amigo Sébastien.
--- ---
--- Demian está en la biblioteca, es arriba, suban por esas escaleras --- el joven musulmán, resulta muy amable frente a los norteamericanos, muchos escritores y otros delegados sindicales.
Por lo pronto ya saben de la noticia de la llegada de los “yanquis”. Simon, el delegado de una sección de una fabrica motriz, es el que lleva la delantera, conoce el centro por otras visitas a Francia y a esa ciudad vasco francesa. Ibáñez es mexicano, de las textiles de Minessota, trae en su maletín un sin numero de facturas y papeleríos administrativos útiles, además de los cheques. Todo eso es parte de lo colaborado por los trabajadores de sus fabricas y las aledañas, también de las peñas, de las campañas entre intelectuales, actores, músicos, profesionales, pero sobre todo, de la colecta entre las familias obreras. Cinco norteamericanos mas están con ellos. Uno es escritor periodístico de un medio importante, y también hay otro escritor de literatura, famoso en el rubro de ciencia ficción.
Demian come queso de oveja, pan fresco y leche fría. Escribe con letra grande, tangible, sobre un cuaderno a punto de ser terminado. Al lado suyo dos franceses que también toman de un plato con la mano queso y pimentones, es una especie de almuerzo sobre trabajo, o biseversa. Un francés de color llamado Jean hojea una revista de análisis. Es este, ni bien ve asomar a los norteamericanos y al mexicano, quien se reincorpora y les sonríe tan saludablemente como el musulmán que los recibió.
Demian levanta la cabeza, y se pone de pie sin precipitarse, los norteamericanos fueron puntuales, por lo visto. Con mucha euforia Simon abraza a Demian, como también así lo hace Ibáñez. Tanto Simon como Ibáñez fueron los primeros en ser solidarios y activos a la nueva causa latina. Y ahora...
--- Las presentaciones estuvieron muy bien ---fría resulta la voz de Demian---, ahora la pregunta es cuándo empezamos a darle un fin inmediato a la financiación ---Demian se sienta e invita a la delegación a hacer lo mismo---. Los fondos han llegado y estos últimos cheques son lo que faltaban. Los ingenieros franceses piensan viajar a Lima en Abril, también se ultimó los preparativos finales para empezar acá la producción con camaradas ciertamente comprometidos y bien elegidos. ¿Vieron las muestras?
Ibáñez traduce.
--- Acá no hay muchos que sepamos de armas ---dice el escritor norteamericano.
--- No es necesario ni llamarse Kalashnikov, ni que sepan como martillean las armas ---responde luego Demian---, solo que el dinero tiene su buen uso colectivo ---parece esa una sonrisa, solo parece---. Una serie de pequeñas armas de repetición, fusiles automáticos y morteros, ello con un ritmo de producción excepcional, envidiable, fruto de una disposición militante acorde a estos tiempos, largas horas, muy largas. Todos sabrán el tamaño de la operación, los contactos con los operarios israelitas de la UZI, los ingenieros y diseñadores franceses de mucha confianza que nos hemos contactado piensan poner una serie de laboratorios e industrias en Latinoamérica para la producción de las nuevas ametralladoras, también que por el bloqueo mucho de aquel arsenal que pensamos tener debe partir de los países europeos . Todos sabrán que si bien estoy a cargo de la empresa en caso de caer se me desvinculará oficialmente de la organización. Que esto es necesario por sobre todas las cosas, que yo estoy tomando esa responsabilidad. También que por mi cargo en la Nueva Federación y mi participación activa en la organización me puedo dar esa “libertad”. No ser conocido por la prensa mundial mas que como un miliciano ordinario es útil en este caso. No podemos arriesgar con exponer camaradas dirigentes. En cuanto al Comité de Solidaridad y Acción ya ha dado señales de enorme vitalidad para Latinoamérica, no solo los franceses y los ingleses, también el grupo de Norteamérica ---los señala con elegancia graciosa---, a quienes ustedes responden. De más está decir que no sabrán ustedes de la localización de las dos instalaciones clandestina de producción ni quiénes serán los topos que produzcan las unidades, pero sí contamos con ustedes para poner las oficinas que serán de cobertura para la exportación, es Mac Thermann quien quedará a cargo de eso en este país según entiendo. Tenemos una red bastante compleja para poder asumir la entrega sin ser detectados por el bloque al continente.
--- Los camaradas ingleses ---agrega Jean --- han dado un informe detallado, en el último Congreso Mundial, sobre el fenómeno de lucha y reorganización en las minerías. La situación altamente revolucionaria puede, en el mejor de los casos, desde Inglaterra terminar con el bloqueo a Latinoamérica y cesar las operaciones militares. Pero también puede poner a la orden del día el punto de inicio de la revolución obrera en Europa, única alternativa para terminar con las penurias y el estancamiento de la guerra continental en América del Sur.
Acuarelas de idiomas y acentos exóticos rebotan en ese pequeño cuarto, donde libros y revistas se archivan con cierta desprolijidad, y donde el olor del papel viejo, tinta de edición y polvo entran en atmósfera junto al humo de los cigarrillos y el cansancio de los viajes. Diez sillas y diez hombres, muchas anotaciones, muchos cuadernos, anteojos, ceniceros, cigarrillos, cartas que se pasan de un continente a otro. El francés negro es de esa región, el otro, Urtzi, de la sección de Paris. Ibáñez es el intermediario del latino y los norteamericanos. El francés de Demian además es muy elemental, por otra parte el mexicano no sabes francés. Pero no hay porqué alarmarse, tampoco es tan formal aquella reunión minúscula. Mac Thermann, presente entre aquellos, es el mas adecuado para el cargo que le confieren, sabe varios idiomas, hasta inglés antiguo, francés, español y algo de italiano, será el que ponga, como pequeño empresario norteamericano, con capital del Comité de Solidaridad y Acción, la fachada de las oficinas exportadoras, supuestamente de acería para Panamá, colonia norteamericana. De allí se lo transportaría a Brasilia Neutral y luego por tierra a Buenos Aires, ya que el puerto está fuertemente bloqueado. Demian, sumamente práctico y operativo, se encuentra en malestar por esta traba del idioma, por depender de otros (toda América del Sur habla, en su 80 % el español). ahora que es como una especie de coordinador internacional clandestino de la Federación, o “el empresario ilegal”, como le dicen bromeando desde Argentina.
El joven musulmán se pone en la puerta con su sonrisa al viento. Una veintena de jóvenes entran con su venia. En seguida entra Lucrecia, una mujer adulta, con su destacado pelo largo, algo canoso en sus raíces, pero fuerte como sogas aún. Ella le devuelve una sonrisa sensual al joven musulmán.
--- Karim ---lo palmea con mucho cariño Lucrecia---, suerte tenerte acá. ¿Llegaron los amigos?
--- Todos de América y un latino, hace casi una hora. También los topos vinieron, recién, recién.
--- Sí ---Lucrecia mira a la vereda de en frente y ve pasar una de las prostitutas de la cuadra---, los acabo de ver entrar desde la esquina.
--- Otra novedad. Los camaradas de “recolección” quieren tener una reunión con tigo, con Michel o Jean.
--- ¿Qué ha pasado? ---Lucrecia sorprendida.
--- Van a paro. Hoy a la noche. Vinieron ellos con unos cuantos hombres mas.
--- Muy bien. El nuevo periódico puede retrasarse un poco más, para poder respirar mejor el nuevo aire a huelga y acción que se vive en esos hombres.
Parada ahí nomás, esta mujer orgullosa por las novedades comienza a llamar la atención. Las puertas de entrada del centro están abiertas de par en par. Unos macetones de cemento en cada rincón, unas rejas a unos pasos de la entrada, igualmente abiertas, un pasillo sin techo en seguida comunica con un pequeño patio con una fuente seca y descuidada en el medio, unos cuantos cuartos, unas escaleras, paredes con carteles y afiches. Lucrecia se incorpora en esa escena quizás como una femm de los centauros, como un bloque de temperamento puro, con un fuego interior que hasta desde aquella vereda donde ahora se agrupan las rameras puede verse de manera casi sobrenatural.
--- ¿Qué dices Mire, ---dice Mina con pose hacia los autos--- sería una buena competencia, verdad?
Mireya mira a aquella mujer en la puerta del centro y sonríe levemente. Sí, sería digna competencia.
--- ---
Mina desde el bar llama a Sébastien, corta sonriendo. Buen trabajo con buena paga. Los pajaros que les encarga Sébastien son hijos de abogados y doctores, van a pagar bien, bastante bien. Tienen que ir vestidas como estudiantes porque el edificio que están es privado, pero se cambiarán allí. Claro que lo toman. Es a las diez de la noche. Mireya toma su agua y se levanta al tiempo que sale del bar, aquel hombre que lee en español y que con tanta dificultad, por lo que ha visto Mireya desde lejos, le trae descifrar el inglés.
Camina tras de él. Mireya va hacia la esquina, un último cliente y se va. Cuando se quiere dar cuenta el hombre se mete con rapidez en el centro social de mitad de cuadra. Ella lo relaciona inmediatamente con la mujer de largo pelo lacio. Y claro, tendría que haber sabido que si este hombre lee artículos de todo tipo sobre el análisis internacional, la geografía y los hechos mas recientes e históricos de Latinoamérica, tendría que haber sospechado cierta relación con la guerra civil en Sudamérica y con el centro social de solidaridad con los milicianos. Aparte estaba segura que ese hombre era latino, no tal vez por su manera de vestir, ni su porte, ni sus rasgos físicos, sino porque había hablado en español con el mozo del bar, con el dueño del bar y bueno, ahora entrando allí. Todo era mas que obvio.
Pasa unos diez minutos en la esquina. Así sale de una vez el hombre del centro social. Sencillo, con un pulóver y unos jeans. Sin ningún portafolio como siempre lo ha visto. Mireya sabe que pasará frente suyo y ve esa mirada que la ha encontrado en su camino.
--- Si no tiene tanto apuro podría hablar con migo. --- le dice Mireya a un lado de él.
Éste va parando su andar, le mira los ojos y luego su cuerpo. Claro que sabe que es puta, pero le sorprende porque anda trabajando con ropa cotidiana, justamente para poder trabajar allí tranquila.
--- Y de qué le gustaría hablar, mujer --- una sonrisa un tanto tímida y no por eso no tentada ---. No creo que del clima, no es cierto?
--- Podríamos hablar en inglés si quiere. Siempre lo veo en el bar luchando con el diccionario de inglés.
--- Y el de francés también. Parece que nos hemos prestado atención.
--- Y porqué no me lleva con usted a alguna parte, yo le puedo enseñar inglés y francés, también occitano, en mi lengua caben esos idiomas, como también podría saborear lo que usted tenga para darme. ¿O se siente muy viejo para una cachorrita como yo? Yo no creo que sea por falta de tiempo...
--- No, por favor. Si bien mi cuerpo viejo me sugiere, tampoco voy entregado a todos los placeres de la vida...
--- Vamos hombre. Yo se lo que usted necesita.
--- ¿Cuál es tu nombre, dímelo?
--- ¿Quiere saber mi nombre? Mireya es mi nombre, señor.
--- No, no, dime tu verdadero nombre, el que te haces llamar en tu familia.
Mireya se ríe.
--- Me llamo Corina.
--- Bien Corina, a cinco cuadras de acá puedes verme. Eres muy hermosa, tu lo sabes, yo lo se, y ahora puedo contar que aquí mas de eso no te puedo decir.
Y Corina le sonríe y le acaricia su mano, como al pasar, y conoce un tacto duro. El hombre se va y Mireya se queda estúpidamente sin saber su nombre. Son menos cuarto. Ya se esta yendo. Desde lejos saluda a Pilli y Mina aparentemente está con un cliente. Se va caminando, esas cinco cuadras con su caramelo de limón. En una parada de taxi está ese hombre con una revista, que aparentemente acaba de comprar porque hace unos minutos cuando lo vio no tenía mas que sus manos en los bolsillos. Se acerca, él la mira, le sonríe.
--- Pero no conozco su nombre.
Mireya tan cerca como el mar de la playa.
--- Miguel.
--- Y ese... es su nombre verdadero?
El hombre ríe.
--- No, Demian me llamo. ¿Sabes ingles, entonces?
--- He estudiado en un instituto, se ingles desde muy pequeña, y también se español, algo recuerdo de la escuela.
--- Muy bien. Y dime, ¿cuánto cobras?
--- ¿Como para qué me quieres, Demian, para echarte un buen polvo a la francesa, o para traducirte del ingles al español?
--- Desde el principio no nos hemos engañado, parece. No puedo decirte que no quisiera polvorearte.
--- Bien, es usted muy sincero.
Demian no quiso ir a un hotel habituado por Mireya, prefirió ir a uno desconocido por los dos. Demian es agradable, preguntón, muy despierto, le aseguró tener 57 años de edad. Y no los parece. Cuando se saca la camisa aquel hombre Mireya siente de cerca aquellas heridas profundas, tajadas y hendiduras, también puede entender que esas huellas tuvieron su tiempo de cicatrización. Pero al lado o arriba de ellas también ve y siente otras heridas mas recientes. Quizás de unos pocos años, o quizás meses. Sébastien tiene una vieja herida de bala en la cintura, la recuerda ahora que ve el cuerpo de Demian, este hombre aún mas golpeado, mas preparado quizás a entenderse con el plomo.
Mireya sabe sacar pantalones, despierta lo que hay adentro, lo acuna en su mano con gracia, lo alimenta, lo unta en saliva, su campana le tararea, le suscribe notas musicales sobre la carne y le emplea entusiasmo al cuarto, un cuarto con luz de atardecer, con una cama en su centro, una cama lista, como para almorzarlos. Y la piel se besa con practica de antemano, se le habla de cerca, palabras picantes y gestos para el delirio, mucho teatro, buen teatro, unas caricias en las nalgas firmes de aquel, que además siente devolver la vida al cuerpo y la sonrisa y unas cuantas frases que cualquiera por mas que no supiera español podría entender en esa situación, en el que ahora ella besa su ombligo, y sus senos chicos sacuden el sexo de Demian, porque amerita llamarlo por su nombre, no es un cliente sin rostro, Mireya, sabe su nombre y que fue un hombre de mucho camino, y también océano, porque de América se vino en barco o en avión. En cuanto a Mireya, puede Demian llamarla Corina, no va a ser de otra manera, que además ahora se ha levantado y le mueve el culo como en una zamba. Demian le besa el cuello, casi se lo muerde, sus manos son fuertes, de acción. Con firmeza aprieta sus tetas menudas, no las acaricia, las recorre, las conmueve, las reconoce, las memoriza. Sus cuerpos, entre el látex, son un enlazamiento entro lo joven y lo viejo. Se llevan treinta años. Y él lo sabe, 30 años de vida entre ambos, vidas difíciles. Tan pequeña para él, un trabajo tan agitado, una mercancía tan sabrosa, quizás la miel se le asemeje, sus ojos verdosos, los labios que lo besan, su pelo suelto tocándolos. Transpiran, se envuelven, viajan el uno con el otro. Como es un señor de anticuados pies, que han dado sus kilómetros, que han saltado sus océanos, es difícil traerlo de regreso, le cuesta pero lo disfruta. Lo soñaba, lo necesitaba. La respiración de Demian es potente, tiene fuerza y hasta rudeza, algo de salvajismo sobre ese cuerpo mas chico, cálido, con un velo alimonado, como si cáscaras de limón fueran soltando sus poros hacia él, salpicándolo con un aroma emocionante. Finalmente llega. Llega agotado, pero echo, bien resuelto. Ella podría levantarse en seguida, como casi siempre. Siempre las excepciones están. Esas heridas..
--- ¿Luchaste en la guerra, no?
--- Lucho.
--- ---
Se vieron seguido. Nunca dejo de pagarle. Recordó el desastre que hizo Pilli enamorada de un pendejo. Mireya enamorada no está, simplemente cooptada. Demian no habla mucho del pasado, quiere resolver el presente y posicionarse hacia el futuro. Aparte nuevamente se encuentra apasionado con ella. Le ha regalado un libro de poesía de autores latinoamericanos, se los devoró. Ella no pudo evitar invitarlo a caminar por la playa. Hablando de palomas que emigran, también hay una deliciosa comida popular, salmis de paloma, especialidad de la gastronomía vasca, acompañadas con uvas maceradas, patatas y huevos de codorniz, y nada de pobre palomita. Mireya se siente comida poco a poco, sin apuro, por aquel geronte, como le dicen Pilli y Mina con maldad cómica. Tiene una cultura excepcional, aunque conoce poco de Europa. No le pregunta sobre su trabajo, en poco tiempo se convierte en una especie de cable a tierra, su otro ascenso al mundo mortal siempre fue su hermana, pero Demian la atrapa con sus razonamientos, con su postura hacia la vida.
--- ¿Eres casado verdad?
--- Sí, de manera pagana, pero estoy casado.
--- Esta en Sudamérica, verdad?
--- No, no lo está. Ha venido a Europa, como yo.
Por un tiempo no lo vio más. Fue un tanto repentino. Un par de días también el centro se cerró, cuando estaba abierto todos los días. Después vio también a la mujer de pelo largo. En las primeras semanas de Octubre hubo una marcha multitudinaria por los derechos a los presos vascos. Fue con su hermana luego del trabajo. Fue la primera vez que iba a una manifestación. De pronto se lleno el centro de actividad. Vino mucha gente. Por ese entonces los recolectores de basura de toda Francia fueron a la huelga en apoyo a la lucha que estaban haciendo en la ciudad de Bayona. Una vez victoriosa la huelga, reincorporado todos los cesanteados por la empresa y echados del sindicato por sus trabajadores los viejos delegados que ya no representaban a nadie los camiones de la basura llevaban las banderas de la Federación Socialista de Sur de América. Algunos trabajadores de ese gremio eran inmigrantes de América de Sur o hijos de inmigrantes. Un día Pilli se trajo un prendedor del Comité Vasco Francés de Solidaridad y Acción con las Milicias Sudamericanas de la Federación Socialista. Todas se rieron y Mina comentó algo sobre la guerra. Toda Francia estaba politizada. Hasta las putas hablan de política le dijo un cliente al empleado del kiosco por el prendedor de una de ellas.
Al tiempo Francia se convirtió en el primer país de Europa en reconocer legalmente a la Federación Socialista como país unificado. Un grupo fascista apaleó a unos manifestantes chilenos en los suburbios del sur de la ciudad. También hubo pintadas racistas. Y un grupo de choque entró en una cesión abierta del sindicato de marmoleros que estaba en manos rojas, como muchos otros gremios.
Mireya vio un par de personajes espiando el centro. También en el bar se podían ver un par de alcahuetes y policías de civil. Pronto Sébastien le dio un trabajo.
A las ocho de la noche llega sola a una casa altiva, con un rosedal en el jardín y cubriendo parte de la fachada de la estructura. Una casa de dos pisos con dos terrazas, plaza garaje, vista al río, en una zona de buena plata. Toca timbre y la hacen pasar. Cuando entra un par de hombres la hacen sentar, se acomoda en un sofá Sébastien que aparece de una habitación. Un barbudo, de rulos y mucho peso se le acerca.
--- Estas para trabajar en algún asunto nuestro ---el sujeto le tira un aliento confuso de cigarrillo y café que le hace retirar el rostro de Mireya lejos de sus labios.
--- No se que pasa acá. Sébastien ---busca a un silencioso y casi imperceptible Sébastien---, Sébastien por favor quien mierda son estos charlatanes.
El barbudo le toma el pelo con rudeza.
--- Escúchame niña ---le tironea---, el mundo en el que juegas es muy peligroso ---se contrae Mireya---, tiene sus idas, sus vueltas, y en una u otra esquina ---se seca la boca de Mireya---, puedes toparte con migo o con mis amigos. Y ahora nos has encontrado. ¿Qué te parece?
Sébastien atrapa una enorme bocanada de humo de un cigarrillo húmedo en su punta, quemado, caliente.
--- ---
Demian viajó por Francia con Mac Thermann, un camarada norteamericano de mucha confianza allá, en el norte de América. Demian desde el primer instante supo desconfiar de Mac Thermann, tiene poco que opinar sobre el mundo en el que uno se para, y mucha autoridad sobre los lugares que visitar. Tiene conocidos útiles, pero también sospechosos. Tiene poco contacto con sus pares norteamericanos, pero sabe usar el teléfono a toda parte que va.
Cuando estuvieron en Toulusse habló con Urtzi, que había venido de Paris, habló a solas, de manera bruta quizás, para que no haya malentendidos. Quería ser lo mas claro posible, no era la primera vez que debía dejar a un lado la ingenuidad y las bondades humanas. La primera sospecha, minúscula, es la intromisión de Mac Thermann en asuntos de la organización que plantean una discusión algo mas profesional, menos personalista, mas acorde a la historia de la organización que habían decidido construir. Le extrañó también ciertas desapariciones, por tiempos prolongados, la agitación y su forma asustadiza de andar por las calles. Todos caminaban con suma atención, todos, en Francia, en España, en Estados Unidos, en Perú y en Bolivia, habían aprendido a desconfiar hasta de la sombra mas infantil, habían aprendido a andar con prevención, pero no con temor. Mac Thermann no esta armado, Demian sí, una 9mm Glock con un cargador de 30, lo sabe usar, no duda en usarlo. También sabe contenerse, no es de escupir fuego ante el primer susto.
Mac Thermann trae direcciones, habla con los franceses de la sección, que prácticamente volcaron un subcomité a su disposición, encargado de buscar oficinas, de depositar y extraer dinero de los bancos, de poner pequeñas empresas para hacer circular efectivo de un país a otro. Ahora también la sección francesa, con la dirección exclusiva de Urtzi, constituyó un nuevo subcomité secreto que acompaña a distancia moderada los pasos de Mac Thermann. Demian a unos minutos de abordar el tren hacia una cita importante recibe un informe de Urtzi. Mac Thermann no es de fiar.
Vuelto a Bayona se reúne con Lucrecia. Lucrecia se extrema, pero Demian no puede dejarse llevar. Hay que pensar como contrarrestar la infiltración. La guerra en Sudamérica está mas que estancada. Si bien hubo en el frente norte un revés a favor de los milicianos murieron varios coordinadores militares de importancia no solo para la organización sino también para la federación toda. Lucrecia está tan emocionada como Demian al recibir la noticia, muy angustiada quizás también por tener en cima a la CIA y al nuevo servicio de inteligencia MAP.
Esa noche Demian y Lucrecia tocaron sus cuerpos, hace quizás cinco meses que no se miran con placer, un tiempo después que se enteraron de la muerte de Bárbara, la hija de ambos. Murió de una herida mal curada sufrida en un bombardeo a Banfield. Era el segundo hijo muerto en la guerra, si bien Alfio era hijo de Demian de su primer compañera, prácticamente fue amigo y camarada de Lucrecia durante el asedio a Montevideo. Luego Alfio se convirtió en un miliciano realmente heroico en los primeros años, los mas duros, en los que temple y coraje como el de Alfio eran absolutamente imprescindibles para la moral de los trabajadores, tanto como el agua y los víveres. Pero Bárbara, Bárbara era una niña tal vez, Bárby enseñaba a los niños a higienizarse, a evitar enfermedades de la guerra, a no perder a los mayores, a buscar lazos solidarios con sus pares. Y desde la muerte de ella ambos se solidificaron en sus sufrimientos, un glaciar impenetrable nació entre los dos, mas las obligaciones que los separaba a un contacto mas humano. Para la empresa de Europa se le confió el trabajo a Demian, Lucrecia aceptó viajar con él, incluso, por su destacado nivel político y organizativo, sobre todo cuando la misma defensa de Montevideo, a fortalecer la sección francesa. Ella en su primer exilio había huido a Francia y había vivido dos años allí, conocía a la sección francesa, conocía a muchos de ellos, los vio crecer.
Demian necesita la confianza que Lucrecia le trae, con una simple mirada, una mirada que a veces por los años que han pasado juntos se complementan, se ve uno en el otro, se copian sin plagiarse, se absorben y devuelven fortalecidos.
Entre esos besos extraños después de no tocar esas texturas durante tiempo, unas sonrisas un tanto tristes parecen consolarlos.
--- Me alegro que estemos juntos, en esta tregua relativa, en estos aires sin pólvora.
Lucrecia quisiera sonreír de vuelta, lo besa con gusto a chocolate, apoya su cabeza en el pecho de Demian, y duerme sin temor, como siempre ocurre cuando duerme sobre el pecho de él.
--- ---
--- Entiendo lo que me has dicho Mac, pero el departamento de Petit Bayonne es una zona muy turística, esta lleno de calles estrechas y medievales, muchos bares. El olor a mar a mí, en lo particular, me da un tanto nauseas, he vivido en Mar del Plata cuando era niño, malos recuerdos. Cierto que la Nive tiene aires mas agradables. Queremos algo mas alejado del turismo, tu sabes que esta ciudad vive del extranjero con dinero. No queremos confundir a la CIA con turistas, sería muy fácil que esto ocurriera, me entiendes, verdad?
Mac Thermann lo entiende, entiende el francés del argentino, habla fluido el francés y el español. Es ideal para estos contactos entre continentes, por eso se le confió a Mac Thermann, que es profesor de literatura. Se le dio esa tarea no tanto por su calidad política sino por lo indispensable de la buena comunicación. Una apreciación errónea detectada a tiempo.
--- Se de lo que me estas hablando ---caminan en diagonal por una plaza---, se que conoces de pequeñas empresas, de locales, de precios, también conocerás lo que nos pasó en Brasilia con nuestra sección inicial allí, antes de la revolución en Bolivia. Había un José, un dirigente de autopartes, también dirigente del grupo. Cuando comenzó a crecer, a extenderse, era él el hombre mas audaz, el que empujaba a la decisión, a la entrega del grupo. Era un militante que conocía uno y cada uno de los movimientos en Brasil, mucha confianza para ese compañero, excesiva confianza ---cruzan la calle, Demian sabe donde ir---, nunca hay que ser devoto a esas relaciones de poco control entre la organización y la base. Nunca hay que darle el timón completo a un capitán del que no se conoce su vida por completo, que no está probado ante álgidos combates de clase, y no te hablo lo que respecta a lo militar, sino en lo político. En la época de la represión, quince camaradas de la dirección brasilera cayeron uno por uno. Todos menos José, lo sabías, Mac?
--- No, no lo sabía.
Un edificio en frente de ellos.
El encargado les abre, conoce a Demian. Pasan, suben al ascensor.
--- ¿No?, ¿No lo sabías? Es una derrota que hemos tenido que todos hemos tomado como ejemplo.
--- Sí, si ---esta dudando qué decir Mac Thermann---, no he explorado mas de lo que se dijo alguna vez..
--- Es raro en ti, amigo Mac. Te digo la verdad. Si conoces la historia debes ser uno de los privilegiados. Pocos lo saben --- Ahora Mac Thermann se ve confundido---. En realidad solo lo saben las direcciones de las seccionales, sobre todo porque no se puede decir que haya sido José el entregador. ¿Tu que sabes?
--- Nada Demian. Alguien alguna vez me ha comentado. Pero no se mas que lo que me cuentas. Además no entiendo a donde quieres ir.
--- Que no conocemos como son estos del MAP y los de la CIA, que se te meten por todas partes, por las narices, por las axilas, por las ventanas, por las orejas, que se te vienen de turistas, o son tus amigos mas íntimos. Por eso nos parece mas conveniente conocer otros establecimientos. Conocerás este departamento, ya verás. Es un lugar exclusivo.
El ascensor se ha detenido.
--- Dime amigo Mac ---Demian se para frente a él, le arregla el cuello de la camisa---, ¿estas armado?
Mac Thermann lo mira por un momento extrañado, expectante. Demian no tiene mueca alguna para adelantarle ningún posible rumbo.
--- No, no uso armas.
--- ¿Y cómo piensas matarnos, Mac? ¿Cómo te mandan a traicionarnos sin un arma para matarnos? Cualquier asesino a sueldo usaría una punto 22, porque hace menos ruido, menos desparramo. Se puede silenciar. No te tira a la mierda, pero te mata. Te juro que te mata. Pero un entregador... sin embargo éste usaría otra arma, el engaño.
--- No entiendo que me estas...
Demian le da un manotazo en medio de la cara, Mac Thermann cae al suelo y se encuentra frente a una 9mm. El ascensor se abre. Hay unos tres franceses esperándolos, deseosos de saber más.
--- ---
Mireya ha cambiado drásticamente su humor, y disposición para con todo lo que la rodea. En frente de la casa cultural debe mirar mas de lo que necesita. En la esquina están dos hombres. En el bar tres. En una camioneta Kangoo express apostada cerca del kiosco hay dos mas, uno de ellos es el jefe de la operación. Los nervios la matan. A unos pasos está un tipo flaco, alto, algo desalineado. El centro esta abierto. Adentro vio a la mujer de pelo largo, ahora echo un rodete, a tres personas mas, todos jóvenes. No hay mas. Por lo menos ese día no entro nadie mas. Demian resulta ser un terrorista para los del MAP. El MAP que no es muy legal por ese país, pero que tiene sus adeptos franceses, uno es el comisario de la zona. Sin embargo ninguno de esas calles debe ser efectivo de la comisaría. Deben ser de otras partes, o civiles, o militares. Mireya no quisiera; está ahí con desgano. Si el mundo se hiciera pedazos ahora le haría un gran favor. Un par de autos pararon para llevarla, ella los mando a cagar. A todos, tiene que estar ahí. De vez en cuando pasa también un 407. Esos son tíos jodidos, dan un par de vueltas y vuelven. Por allá viene aquel que irá a morir. Si pudiera hablarle desde su corazón. No quiere que pase aquello. No quiere que un hombre así, tan vigoroso, con tanta historia en sus cuerpo, tuviera que ser apuñalado de esa manera.
Pasa el kiosco, camina tranquilo, sin idea de nada. Ella está a un paso de morir de taquicardia. El tipo flaco y alto se le acerca a Mireya a pasos largos. Visible, la golpea con fuerza. Demian levanta la vista. Mireya grita, se suspende por un momento la rotación de la tierra, el aire, la circulación del transito, los ojos crispados de los asesinos. Demian se apresta a la escena.
--- ¡Alto! ¡No siga!---grita Demian.
Ya está a unas baldosas de distancia, atrás suyo otros peatones. Mireya se refriega con el tipo que la golpea y la insulta. Demian tiene pocas chances. El tipo que hasta ahora no mira venir a Demian, solo lo intuye, se da vuelta en un segundo, cuchillo en mano, ojos inyectados en sangre, será por accidente, por una refriega en la calle. Pero Mireya se traiciona, evita que lo fulminen.
--- ¡No, Demian! ¡Es una trampa, es una trampa!
Demian lo sabe, después de todo, aquello es como jugar al ajedrez, da un paso atrás, toma el brazo del tipo flaco. Los peatones dejan de actuar como tal y son refuerzos que detrás de él lo secundan, ayudan a reducir al hombre del cuchillo, que ahora se ve ante cuatro personas, todos armados.
--- ¿Quién tiene a quién ahora, idiota?--- dice Jean al tipo flaco quien da vuelta entre sus pasos y mira hacia el bar.
Desde allí salen dos hombres decididos, sacan sus armas de sus chaquetas.
Jean, Demian y los otros se tiran al suelo.
Comienzan a disparar al grupo allí en la calle. Dos, tres, cuatro disparos cada uno. La gente en la calle, sorprendida, grita y se espanta.
Inmediatamente del centro responden al fuego, decenas de disparos de caño corto y largo. Pistolas, revólveres y fusiles que habían estado aguardando toda la noche allí.
Una moto con dos personas pasa por la calle y tirotea con una ametralladera la camioneta Kangoo que aún no ha reaccionado. Los tirotea a quemarropa. La camioneta responde.
Cien proyectiles son lanzados en esa cuadra diminuta para tanto pum bam ratatatatata. La balacera sigue desde el bar hacia el centro y hacia los que ahora están agazapados bajo los autos, respondiendo como pueden. Demian dispara hacia el bar dejando la boca del cañón de su 9 exhausta.
Desde la esquina se aproximan otros dos hombres armados. Demian los ve y dispara tres veces, cae uno de inmediato, el otro responde con un fusil ametralladora. Cae Jean herido. El tipo flaco ahora se aposta con los que están en el bar. Mireya ya no siente ni un rumor de su corazón. Demian la mira.
--- Abajo, abajo.
Una bala revienta sobre la carrocería del auto que los protege. El arma de Demian dispara con su segundo cargador.
La moto se va, uno de ellos esta herido.
Un Peugeot 407 por el lado del colegio dobla en contramano, presto al llamado parapolicial, hace fuego potente y se detiene al lado de la camioneta, dispara contra el centro. La pared hace saltar el material y la pintura ya no es lisa, la puerta de este se astilla, cede, se mantiene a duras penas. De la azotea del centro escopetazos en reprimenda. Nada improvisado.
Demian tiene dos armas disparando, una es una 22 de uno de los cuatro que le cuidaban la espalda, que esta casi muerto.
Mireya sintió un pinchazo primero, ahora se le moja su ropa. Está herida, no sabe como ha pasado. Demian dispara hasta acabar el cargamento de ambas pistolas. Carga la suya y sigue, es la tercera. Cae el tipo flaco con un balazo en la boca. El aire es irrespirable.
El 407 a mitad de calle, calles angostas, está agujereado por donde se vea. Los del bar se han ido o están muertos.
No, están muertos. Jacinto, el dueño del bar, tiene un arma en la mano, disparó desde adentro a los alcahuetes esos. Grita para que vengan hacia allá, mas guarecidos. Del 407 le disparan y pega en la ventana del bar, a unos centímetros de la cabeza de Jacinto que cae al suelo al estallar los vidrios casi en su cara, está herido. Los empleados lo meten arrastrando.
Mireya sin poder moverse, a lo mejor por la herida en la cadera, a lo mejor por miedo a morir desparramada del dolor, con el pómulo sudoroso en el empedrado y las venas palpitando sobre su frente, mira hacia la puerta del centro. La mujer de pelo largo, sale a la vereda, al descubierto, ahora con un rodete y una ametralladora liviana mp5 bien aferrada, hace fuego hacia donde están los del auto, hace fuego y Mireya la mira con mucha atención allí agazapada. Aquella mujer tiene casi sesenta. Eso parece. Las ráfagas del mp5 hacen temblar levemente el cuerpo. Quizás la elevan a una categoría superior de ser. Desde el primer instante vio a esta mujer como con cierto encanto. El mismo encanto volcado hacia Demian. Las balas se sueltan por el espacio, lanzadas por la ponderosa pólvora, zigzaguean imperceptiblemente, tocan cuerpo y revientan, destrozan, o repican. Ahí van como mosquitos hambrientos, con sus colas fulminantes, como segmentos de luz opaca que se estiran hasta que llueven sobre un hombre y se abren sobre su carne y chocan sobre órganos y huesos y rebotan por dentro y salen por otro lado o lo traspasan todo.
No se escucha mas luego de aquel ultimo tableteo. La ametralladora de Lucrecia deja de llamar la atención con tanto escándalo que salía de sus entrañas, se responsabiliza también de hacer callar a sus contrincantes que fueron las 9 mm e incluso alguna uzi perdida por ahí. Por un segundo hay un silencio completo. Solo por un segundo. También se escuchan gente corriendo o gritando con histeria.
Demian y sus ojos que lo llevan a Lucrecia. Lucrecia que lo mira, esta integro. Con sus labios casi blancos. Pero fresco. Tres personas yacen. Los hombres y mujeres del centro, casi quince en total, se acercan a los cuerpos de los atacantes.
Uno esta dentro de la camioneta sobre el cuerpo de su acompañante muerto. Está herido, con una ametralladora caliente sobre su falda. No puede moverse. Chorrea sangre aquí y allá, su barba se llena de gotas de sangre y baba, sus rulos transpirados y casposas, su gordura perforada lo asfixia, morirá sin nadie que lo llore. Le sacan el arma sin mas tramites, también al otro.
Al lado del auto, sobre la calle hay un cuerpo tieso, humeando sus ropas y su piel quemadas, su alma huída.
Hay sangre que parece ser de uno que escapó. El chasis del 407 esta cubierto de plomo, lindo vehículo ahora. Desde lejos se escucha las sirenas de ambulancias y patrulleros. Las bocinas de los autos que se han detenido ahí nomás del choque armado se refuerza con los que están mas atrás. Algunos curiosos se llegan al lugar, pero se echan atrás porque no se entiende qué son esas armas, ni quién es esa gente que porta esas armas, ni tampoco quiénes los que muertos y heridos se esparcen por 407 y Kangoo, por las calles, veredas y bar. Karim junto a Lucrecia y Demian atiende a los heridos, el acompañante de la moto ya esta en alguna casa a salvo, comenta que tienen un muerto.
--- Es Michel. Se la pusieron en la cabeza.
Mireya esta desangrándose. También esta Jean pero esta bastante de buen humor, esperará a que llegue la ambulancia y las enfermeras para transitar los parques de Paulmy. Lo ayudan a levantarse y junto con dos jóvenes mas se lo llevan junto a las armas no matriculadas que usaron.
--- ¿Cómo sabían? ---la garganta de Mireya se mezcla con saliva y sangre, esa sensación tan agria.
--- El dueño del bar es amigo nuestro, está herido pero está bien. Nos advirtió los movimientos que se venían haciendo en la calle. Nos preparamos, desde hace dos noches unos cuantos de nosotros esperábamos adentro y vigilábamos desde la terraza. Y también un tal Mac Thermann, el amigo Mac nos comentó algo, lo mas puntual, que me irían a matar hoy.
Mireya no entiende, pero está, en cierta manera, alegre por que no ha muerto Demian. Lucrecia la toma de la mano, revisó la herida, esta grave.
--- No vamos a esperar a la ambulancia, hay mucho tráfico. Además nos largamos nosotros, ya vienen los abogados. Este chico ---señalando a Karim--- y dos mas te van a llevar al auto que está allí en la esquina, te atenderemos bien.
La levantan y Demian le acaricia el rostro.
--- No te me vayas a morir. Necesito una traductora de ingles, francés y español que sea confiable.
--- No quise traicionarte Demian, en realidad todo esto...
Mireya se descompensaba. Karim se la cargo sin darle tiempo a mas y se fueron hacia un auto que dio prisa antes que viniera la policía vasca.
Ya unos cuantos agentes se empezaban a hacer presente.
Lucrecia y Demian se fueron caminando.
--- ¿Estás bien? ---se dijeron al mismo tiempo.
--- Esa muchacha...
--- Corina es su nombre.
--- Es una hermosa joven.
--- Como nuestra Barby lo era.
--- Sí, muy parecida.
Se tomaron de la mano y anduvieron en silencio. Aplacando la agitación, acompañados. Atentos, pero sin temor.


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